Descripción
Teherán, septiembre de dos mil veintidós.
Para entender el Irán de Arash hay que entender lo que cuatro décadas de República Islámica han construido, y lo que no han podido destruir.
Irán es un país con el décimo ejército más grande del mundo en términos de efectivos, pero con un presupuesto de defensa que es una fracción del de Israel o Arabia Saudí, y que no puede competir en términos de tecnología militar convencional con los ejércitos americanos o israelíes. ¿Cómo proyecta poder entonces un país con esas limitaciones? La respuesta que el régimen iraní construyó durante cuatro décadas es lo que llama el eje de resistencia, en persa mehvar-e moqavemat.
En septiembre de dos mil veinticuatro, Israel asesinó a Hassan Nasrallah, el líder histórico de Hezbolá, en un ataque aéreo en el sur de Beirut. Nasrallah había liderado la organización durante treinta y dos años. Su muerte fue seguida por una campaña israelí de una intensidad sin precedentes que diezmó la estructura de mando de Hezbolá, destruyó gran parte de su arsenal y obligó a la organización a aceptar un alto el fuego con condiciones que un año antes habrían parecido impensables para alguien de la posición de Hezbolá.
El programa nuclear iraní es el elemento de negociación más poderoso y más peligroso de la aritmética geopolítica del régimen.